Capítulo cinco
Transcurren quince días y los muchachos trabajaban intensamente cada jornada para terminar el trabajo.
La promesa de la pesca estaba latente y los entusiasmaba. Felipe solo pensaba en volver cuanto antes a Ciudad Costera.
Dentro suyo solo pensaba en ella."Debo volver a verla. Al menos una vez más. Debo volver a mirarme en sus profundos ojos azules y reflejarme en su sonrisa."
Cada momento del día se sorprendía pensando lo mismo e imaginando como sería ese encuentro que saboreaba en su interior como el juego de un niño, como el sueño de un adolescente.
Los días transcurrieron en silencio hacia afuera y con un torbellino en su interior. Un volcán a punto de hacer erupción y un deseo que crecía a cada instante.
-Bueno, si Dios quiere pronto estaremos terminando- Dijo Don Pedro a su esposa.
-Sí, y los muchachos tendrán su fin de semana de pesca. Están entusiasmados con la idea.- Respondió Victoria.
-Por otra parte, se lo han ganado. Trabajan muy duro para terminar y se preocupan para que todo este bien- afirmó Don Pedro.
Don Pedro era un hombre maduro, de trabajo. Había heredado su fortuna y sus tierras pero había trabajado duro para mantenerlas y acrecentarlas.
Adoraba a su esposa con la cual llevaba una relación muy especial. Protegía a sus hijos y repetía las costumbres de su familia para al crianza de ellos. Hacía lo que sus padres habían hecho. Eso había aprendido y sostenía que era lo correcto.
Desde muy temprana edad les había enseñado a trabajar la tierra, a sembrar y a cosechar.
Les había enseñado que hay un tiempo para cada cosa: un tiempo de deseo, un tiempo de trabajo, de gozo y de espera.
Les había trasmitido los valores que él mismo había recibido, pero sobre todo, les había enseñado como a fuego, el sentido del deber, de que la palabra tiene un valor y que cuando se empeña no hay nada que impida que se cumpla.
Tenía tres varones que habían crecido fuertes y sanos, y en el momento menos pensado se habían convertido en hombres.
Los muchachos tenían entre sí una buena relación y eran compinches. Compartían aventuras y desventuras.
Les encantaba pasar tiempos juntos y se conocían muy bien entre sí.
-¿No crees que Felipe estuvo un poco raro en las últimas semanas?-preguntó Victoria.
-No. Qué notas en él?
- Está muy callado. Como metido hacia adentro- dijo
-Quizá sea su relación con Luz. Es una mujer encantadora que va a llenar sus días- abrazando a su esposa-como tú llenaste lo míos- finalizó.
Ella lo rodeó con sus brazos, alrededor del cuello y sonriendo lo besó.
-Yo te amé desde siempre. Nosotros nos elegimos, Pedro. Ellos no y eso me preocupa-
- él va a conquistarla. Y entre nosotros, creo que ella lo eligió a él desde hace mucho tiempo. Viste cómo lo mira?-
- Sí. También vi como él la mira a ella y te puedo asegurar que no hay deseo en esos ojos. Está muy lejos de eso.- dijo Victoria.
- Ya lo hará, ya verás. Ustedes las mujeres son muy hábiles para la seducción, aunque sean unas nenas de mami que recién salen al mundo. Lo llevan adentro por instinto y creo que Luz no será diferente a ti.
Se que él se volverá loco por ella, como yo por ti y su padre por su madre.-
La puerta se abrió y entró Felipe que venía de su día de trabajo.
-Terminamos, padre...-
-Qué bueno, hijo...así que ahora saldrán de pesca, verdad?
-Sí, eso creo.
Salió de la sala y subió las escaleras hacia su habitación.
En un momento sus hermanos llegaron y comentaron a su padre sobre el trabajo de ese día y su viaje a Ciudad Costera.
-Cuando saldrán?- preguntó Don Pedro
- En la mañana temprano- comentó Juan, el del medio.
-Dónde está Felipe?-preguntó Santiago.
-Arriba, en su habitación-comentó su madre.
- No sé que pasa con él. Está tan callado que apesta- dijo Juan.
- Quizá este cansado- afirmo Santi
-No, no lo creo. Está tan metido dentro de su historia que los demás no existimos.
-No digas eso. Felipe siempre se ocupa de nosotros y justamente ayer me comentó lo ansioso que está por ir de pesca y disfrutar del fin de semana.
Se acostaron temprano esa noche y partieron temprano en la mañana.



